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Haz la diferencia: la depresión se combate en equipo

Estos últimos meses, el mundo del espectáculo estuvo rodeado de personas que decidieron terminar con su vida a causa de la depresión. Siempre que leo en las noticias casos como estos inmediatamente recuerdo los años en que padecí este difícil enfermedad por mi divorcio. No quería pararme de la cama y sentía que el mundo se me venía encima. Cuando entendí que no podía seguir luchando, busqué ayuda y con tiempo, amor y la palabra de Dios logré salir. Si conoces a alguien que está pasando por esto no te alejes por miedo, tú ayuda puede significar su salida.

Sólo los que han sufrido de depresión entienden lo duro y difícil que es sobreponerte a esos pensamientos. Resulta agotador para la persona afectada y su entorno, tanto física como mentalmente. Por eso, primero hay que entender que es una enfermedad que debe ser tratada y no algo que se desea vivir o que cada uno escoge.

Es cierto, no es fácil ayudar en estos casos, sobre todo si no tienes idea de qué decir ni hacer. Es una situación hasta frustrante pero siempre hay una forma, una palabra o acción que puede ser un rayito de esperanza para esa persona. Así que si alguien cercano está sufriendo por esto acércate sin temor y comienza demostrándole tu preocupación.

¡Estoy aquí para ti!

Durante la depresión, las personas sienten que están completamente solos en el mundo. Por eso, una demostración de interés o cualquier detalle que los haga sentir valiosos es muy significativo para salir adelante. Sácalo a caminar, siéntense a conversar un rato, envíale mensajes de ánimo todos los días, acompáñalo a lo que necesite. Aunque no lo entiendas, esa persona no tiene que pasar sola por esta etapa.

El sufrimiento es más manejable cuando se tiene un hombro amigo para apoyarse y no terminar de caer. Recuérdale que te importa, que no te irás y que juntos saldrán de eso. La cura no llega de un día para otro, es un trabajo fuerte y largo, pero con compañía el camino se hace más sencillo.

Tu presencia sólo basta y a veces no hace falta ni hablar. Un oído puede valer más que mil palabras. Lo que parece un simple gesto en realidad es para el otro un gran desahogo. Dedícale tu tiempo a escuchar sus preocupaciones, historias y cómo fue su día… sólo déjalo hablar y presta atención.

No es tu culpa

La depresión no es algo buscado y no significa un fallo interno. Nadie elige estar mal y aunque mejorar toma tiempo, es posible con amor y paciencia. Enséñale que es una enfermedad que se debe tratar como cualquier otra y que es posible curarse.

Tampoco temas preguntar que hay en su mente porque puede ser liberador compartirlo. Es importante conocer realmente qué es lo que lo afecta tanto, por más incómodo que sea, para poder atacar el problema de raíz. No significa que vas a ir directo al grano porque se van a sentir invadidos. Explícale que es normal tener malos pensamientos en ese estado, pero que todo tiene solución.

Si alguien cercano a ti está pasando por un período depresivo no te desesperes, es posible salir de eso. Es indispensable prestar ayuda y estar atentos a lo que pase. Debes sentarse a reflexionar para comprender que hay que dejar los prejuicios a un lado. Demuéstrale tu sinceridad y te aseguro que para esa persona va a significar una vida completa. El cambio vendrá a pasitos pequeños pero seguros.

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