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¡Es hora de perdonar! Cura tus heridas y suelta las cargas

Si me pongo a recordar todos los momentos en que he salido lastimada y que también he lastimado a alguien,vienen a mi corazón sentimientos mezclados.

A veces sentimos que las heridas son tan profundas que es imposible que sanen, pero ese rencor nos estanca. Así que para continuar con nuestra vida y curarnos, lo único que podemos hacer es perdonar.

Soltar es la mejor medicina para el alma y cerrar esas heridas que no se ven. Guardar malas experiencias en nuestros recuerdos sólo nos desgasta a nosotros porque somos los únicos que luchamos con ellas. Nada que nos haga daño merece nuestra preocupación, ni un espacio en nuestra alma.

Muchas personas nos decepcionan, nos hacen sentir mal y terminamos con ira, dolor o resentimiento. Sin embargo, es posible dejar que las cosas fluyan. Nos regresa la felicidad y la tranquilidad, el poder vivir en paz con nuestros pensamientos y actos cultiva nuestras ilusiones. Por eso, te digo que es necesario aprender a perdonar para:

Soltar las cargas

Poder comenzar de nuevo, sin ningún peso extra, llevando puras cosas buenas. Los sentimientos dañinos son sólo una pérdida de tiempo y energía. Cuando nos abrimos al perdón, damos vía libre a la alegría mientras les decimos adiós a los problemas externos.

Seguir hacia adelante

Cuando perdonamos, nos desligamos del ofensor y de la situación que vivimos. Sólo nosotros tenemos el poder de dejar que algo nos afecte, cada quien es responsable de lo que hace y tú tienes la posibilidad de seguir con tu vida y con la consciencia limpia.

Priorizar nuestro bienestar

El rencor nos agota mental, física y espiritualmente. Todo lo que pasa en nuestra cabeza termina afectando nuestra salud. Muchas enfermedades están relacionadas con los pensamientos, actitudes, emociones. El estrés, la ansiedad, los nervios nos ponen en bordes peligrosos sin darnos cuenta.

Hacernos más fuertes

Cuando aprendemos a curar heridas maduramos y crecemos como seres. El perdón forja nuestro carácter y nos llena de ánimo para seguir adelante. Nadie es perfecto como para juzgar a otro, todos nos equivocamos y está en nosotros darnos cuenta y mejorar.

Seguir al Señor

No nos podemos hacer cargo de las acciones de los demás, pero sí de nuestras reacciones. Detrás de cada uno hay una historia que no conocemos profundamente. Nada justifica un mal comportamiento, pero si Dios es capaz de perdonarnos, ¿por qué no hacerlo entre nosotros mismos? Todos cometemos errores y no somos quienes para castigar al resto.

No es fácil, no se perdona de la noche a la mañana, pero es un proceso paulatino que nos dejará muchos beneficios. Será un camino largo y hasta doloroso, pero como dicen las mamás, si la medicina no arde o no sabe feo ¡no es buena!

No hace falta que el otro venga a pedir perdón, muchas veces conseguiremos personas con un orgullo muy grande y lo mejor es decir “yo te perdono” sin esperar una reacción.

Si estás viviendo un momento difícil te aconsejo que te detengas, respira y piensa ¿de verdad merece mi tiempo, salud y atención? Deja salir todas esas cosas negativas y enfrenta tus días con el mejor ánimo y actitud. Poco a poco todo irá pasando hasta que un día lo olvidarás por completo. Todo lo que pasa, malo o bueno, ocurre por una razón, aunque duela o no entandamos.

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