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¡Qué nada te la quite! Recupera tu paz interna y se feliz

Con la cantidad de cosas que pasan a nuestro alrededor es difícil no sentirse abrumado. Todos hemos perdido nuestra paz interna en algún momento, hay sucesos que diluyen la alegría y nos provocan temor. Recuperar esa calma puede ser complicado, pero ninguna preocupación vale más que nuestro bienestar.

El lugar de batalla es nuestra mente y los soldaditos son los pensamientos que nos llenan la cabeza. Ese sobre pensar causa imaginaciones que ni sucederán y a pesar de eso, nos hacen tambalear nuestra armonía. Si no hay tranquilidad en la mente, no la habrá en el corazón.

Para que vuelva, tener voluntad es lo más importante. Hay pensamientos difíciles de sacar porque, sin darnos cuenta, regresan o crean heridas en nuestra alma. La paz nos pertenece a todos, a cada uno por igual y en esos momentos de tormento, es posible recuperarla.

Emprende la búsqueda

Siéntate y analiza tu preocupación, pregúntate que situación te roba la calma. Para luchar contra eso, debemos asumirlo primero. Las cosas de nuestra historia que escondemos en un rincón, siempre estarán presentes para aparecer en momentos de debilidad. Ahora haz una lista de lo que te hace feliz. Personas, música, lugares, sabores, pon más de eso en tu vida y llénala de puras alegrías.

Más ahora y menos mañana

El estrés por planear todo lo que viene nos quita la atención del presente y no disfrutamos nada de lo que tenemos frente a nuestros ojos. Está bien tener planes para el futuro pero no debemos enloquecer. Recuerda que mientras más planes hacemos, más sorpresas nos encontramos en el camino. Deja que la vida te asombre de vez en cuando.

No busques la perfección

Cuando ponemos una vara muy alta, corremos el riesgo de decepcionarnos de nuestra realidad. Trabajar por lo que queremos es una obligación, pero nunca encontraremos un resultado exacto. Siempre pueden llegar otros que no esperábamos, mejores de lo que soñamos. Acepta los fracasos, caídas y reincidencias, y después levántate, sacude lo malo, guarda lo bueno y sigue andando.

Tener paz sobre la razón

Todos los días tenemos una discusión sobre temas que dividen opiniones. Tanto es así que hasta familias y amigos han dejado de hablarse por querer imponer sus ideas sobre las del otro. Es preferible tener paz que tener la razón a cualquier precio y una relación vale más que cualquier punto de vista. Primero debemos aprender a ser tolerantes, respetar y entender que cada opinión es válida.

La palabra mágica: NO

Di que sí cuando de verdad lo sientas y di que no cuando lo necesites. Tienes todo el derecho de elegir entro lo que aceptas y lo que no.  Cuando quieres complacer a todo el mundo, pierdes tu propia libertad. Nadie es tan importante como para dejarte en segundo plano. No estás para resolver los problemas de otros, toda esa carga siempre termina causando estrés e incomodidad. Respeta tus propios límites y así los demás también lo harán.

Conéctate con la realidad

Actualmente estamos saturados de información por todas partes, las redes, la televisión, la radio y la prensa. El mundo se mueve cada vez más rápido y todo esto nos agobia. Saca los ojos de la pantalla y el mundo virtual y disfruta del real que Dios nos dio. Réstale tiempo al mundo y concéntrate en cultivar tu espiritualidad, compartir con tus seres queridos y rescatar tu cultura.

Confiar en el Señor

Ante todo mal, Cristo nos cuida y ante todo bien, celebra con nosotros. Cuando sientas intranquilidad en tu alma, búscalo, háblale y confía en que te está escuchando. Pronto encontrarás su respuesta de la forma más inesperada. Él nos quiere alegres y abiertos a recibir sus bendiciones.

Cuando nos sentimos angustiados, desorientados o intranquilos, su palabra actúa como un remedio para ese dolor. La paz es un regalo que nos da el Señor y que lastimosamente, no sabemos cuidar correctamente.  Como dice la oración: tener serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar, valor para cambiar lo que sí podemos y sabiduría para reconocer sus diferencias.

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