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Después de un divorcio la vida puede sorprenderte

Mis historias de amor con los padres de mis hijos las recuerdo con cariño, pero nunca pensé que iban a terminar. Sin embargo, el destino me llevó a transitar por dos divorcios. Viví momentos maravillosos y mis dos matrimonios me dejaron dos tesoros que me llenan de amor y felicidad.

Cuando me casé, no pensé que algo podía salir mal. No era la típica princesa del cuento de hadas porque siempre fui muy independiente. Trabajaba y me esforzaba por mi familia. Sabía que el futuro de mis hijos Juan Daniel y Daniela dependía de mí también.

La vida es una caja de sorpresas y después de algunas situaciones, entendí que no era sano mantener una relación tensa porque terminaría afectando el crecimiento de mis hijos. Además, no era bueno para ninguno de nosotros como padres.

Después de un divorcio, queda la sensación de fracaso, la tristeza es profunda y el proceso, traumático. No es nada fácil. Cuando somos pequeños, nos enseñan que debemos mantener una buena relación y para lograrlo, a veces es necesario cortar por lo sano.

El ejemplo que me ayudó

Yo viví la separación de mis padres y cómo mi mamá transitó todo. Por eso cuando me tocó, traté de guiarme por ella en muchas cosas. En su fuerza, el temple para seguir adelante y su capacidad de darme siempre un mundo feliz.

Por eso, entendí que la vida no terminaba después de un matrimonio fallido. Esto me hizo más fuerte, forjó un mejor carácter en mí y me enseñaron que no era necesario tener a nadie al lado para sentirme completa.

Empezaron a aparecer muchas oportunidades para reconstruirme desde abajo y sin errores. A mí me tocó hacerlo dos veces. Pero eso no tiene nada que ver con que yo sea un problema, simplemente no éramos compatibles.

Dios y mi trabajo

Yo me sentí triste después del segundo divorcio. Pensaba que realmente había fracasado y no quería ni pararme de la cama. Ahí fue cuando me acerqué al Señor y con el apoyo de personas maravillosas, un día logré caminar tranquila.

Trabajar también fue importante, mantenerme ocupada con la mente en mis responsabilidades. Inicié nuevos proyectos, me esforcé y crecí hasta donde estoy. Me llena de satisfacción saber que mi esfuerzo valió la pena.

Descubrí que podía tener mis propias reglas, mi rutina, mis intereses y gustos. Yo soy de las que ama estar acompañada y en pareja, pero hubo momentos en los que disfruté de esa libertad.

¿La tercera es la vencida?

Pues hasta ahora, me parece que sí hahaha. Además de fortalecerme, Dios escuchó mis peticiones y me bendijo con un hombre maravilloso. Mi esposo Carlos es la persona que soñé y siempre esperé.

Eso sí, no me arrepiento de haber conocidos a mis ex porque hoy no tendría a mis hijos hermosos. Ellos nos hicieron mejores, son nuestros mejor trabajo y gracias al Señor, sacaron lo mejor de cada uno hahaha. ¡Son una mejor versión de nosotros!

Ahora todos tenemos una buena relación. Pasaron muchas cosas en el medio, pero el tiempo se encargó de poner todo en su lugar y hoy disfrutamos de la calma y armonía. Todos nos volvimos a casar y nos llevamos muy bien los seis.

Sí hay vida después del divorcio. Te prometo que esa tristeza no va a durar toda la vida, pero depende de ti. Cuando perdemos algo, ganamos otra cosa y hoy tienes la oportunidad de enamorarte de alguien nuevo y también de ti.

Todos nacimos individuales e independientes. Somos seres completos, no necesitas una media naranja porque ya eres una hermosa. Eso sí, no tienes que convertirte en un limón amargo y ácido con la vida. Puedes seguir siendo dulce como antes de conocerlo.

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