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Siempre es el momento perfecto para acercarnos al Señor

Yo me acerqué al Señor apenas luego de mi segundo divorcio. Había crecido no muy cerca de Él por cuestiones que iban más allá de mí. Pero ahora que veo el amor con el que me recibió y respondió todas mis peticiones, sé que me estaba esperando desde hacía ya tiempo con su puerta abierta.

Mientras viví en Cuba, mi abuela siempre me habló de Cristo para mantener la Fe en la familia. Sin embargo, cuando me convertí en adulta, su palabra no formaba parte de mi día a día y así continuó.

Durante ese momento difícil, fui notando sus señales, cada vez más personas me hablaban de Él. Me causaba curiosidad escucharlos, hasta que un día sentí que no podía más y le rogué de rodillas que me ayudara. Ahí supe que me escuchaba y desde ese instante, no me alejé más.

La puerta siempre ha estado abierta

Yo era una madre de dos niños, separada por segunda vez que sentía que no iba a poder salir de esa situación. Seguramente no había resultado nada como lo había soñado desde niña, pero era lo que me había regalado mi vida hasta ese momento.

Con todo esto quiero llegar a que si yo tuve una segunda oportunidad de acercarme a Él, ¿por qué no podrías tú? Nunca es demasiado tarde para reencontrarnos con Dios. No importa los caminos recorridos, siempre se puede voltear en la esquina y regresar para acercarnos a su palabra. Eso forma parte de las enseñanzas que les quiero dejar a mis hijos.

Hay una parábola que trata de un hijo pródigo que decide irse de casa, pero luego vuelve a casa y su padre lo recibe con todo el amor de antes. Ese padre es Cristo y el hijo es cada uno de nosotros. Es una demostración de su carácter, amor y misericordia. El nos abre los brazos sin importar nuestros errores, fracasos o verguenza.

Abre tu corazón y recíbelo

Cuando estés preparado para dejarlo entrar en tu vida, tu corazón se llenará de alegría y dejará fuera los prejuicios. Tomarás acciones, cambiarás tu actitud y renunciarás a todo lo que te hacía mal sin mirar atrás.

Nunca es tarde para acercarnos a Cristo, no importa tu edad, creencia, origen o problemas. Sus manos están preparadas para recibirte cuando tú estés listo. Nada lo hace más feliz que darle la bienvenida a uno de sus hijos de vuelta a su casa.

Tal vez estuviste un tiempo cerca de su palabra y luego te alejaste por una u otra razón. Todos pasamos momentos de desesperación. Pero siempre tenemos una nueva oportuidad de reencontrarlo. Recuerda que nunca estás tarde, estás en tu justo tiempo. Para Dios, siempre es el momento oportuno.

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