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La prioridad eran los hijos al ensamblar nuestra familia

Cuando empecé con Carlos, me preocupaba en cierta forma la reacción de mis hijos al momento de contarles que mamá tenía una nueva pareja. A pesar de que ya estaban grandes y que querían lo mejor para mi, me importaba mucho lo que ellos sintieran.

Los tuyos, los míos y los nuestros. ¿Quién no conoce a una familia ensamblada? Los divorcios, para los adultos, no significan el fin de la vida en pareja. Seguimos siendo libres de encontrar el amor.

Sin embargo, cuando tenemos hijos las cosas se hacen más delicada, porque ellos son el centro de todo. Yo no podría hacer nada si eso dañara o pusiera incómodos a Juan y a Daniela. Igual que mi esposo Carlos con su hija Maddie.

Los nervios del comienzo

El terreno al comienzo siempre es incierto. No sabes cuál es la situación con los ex y no quieres invadir el espacio de una familia. Además, necesitan tiempo para conocerse muy bien como pareja antes de presentarla a los hijos.

Decirte que existe un tiempo perfecto para empezar a convivir, presentarse, incluir al otro en los planes de familia, o a los hijos en los de la pareja, es falso. Cada hogar tiene una dinámica diferente y maneja tiempos distintos que se deben respetar.

Cuando conocemos a alguien no podemos cambiar  lo que es, y parte de eso es su familia. No es posible separar a nuestra pareja de sus afectos. Por eso insisto, en que los primeros meses son para conocerse y evaluar la compatibilidad de ambos antes de integrarse.

Si somos felices, ellos lo serán

Cuando los padres están estresados o tristes, transmiten esos sentimientos a los hijos. Por eso, si nosotros estamos felices con una nueva pareja, ellos también lo serán. Pueden existir dificultades, por diferencias en las costumbres o pensamientos, pero no será imposible hacer que una relación progrese.

Muchas veces la mayor pregunta es “¿hasta dónde puedo llegar con los hijos de mi pareja?”. Ser el padrastro o la madrastra no siempre es sencillo porque pueden pensar que les estamos quitando a su padre o madre.

En mi caso, nuestros tres hijos eran ya grandes, entendían lo que pasaba y nunca hubo un malestar. Todos son unos soles, niños educados y muy brillantes. Por su puesto, todo cambia dependiendo de la edad. Es mayor el cuidado con un niño pequeño que con adolescentes.

Nosotros nos esforzamos desde el comienzo por planificar salidas entre todos porque ese tiempo juntos era lo que nos permitiría conocernos y aceptarnos. Gracias a Dios, Maddie, Juan y Daniela se la llevan excelente y cuando estamos en la casa, la pasamos genial.

La sinceridad y el amor

Después de presentarse, lo más importante es mantener la sinceridad por delante. Dales a entender que siempre seguirán siendo la prioridad. Algo muy importante es tener un lugar propio para cada uno de ellos dentro del hogar. Que no se sientan invitados, sino parte de la casa.

Recuerda que nadie pasa a ser el padre o la madre de los hijos del otro. La base de todo está en enseñar que la pareja está para apoyar, ayudar y guiar cuando hace falta. Enseñarles a los hijos que ahora tendrán más personas con las que contar hará que la relación sea mucho más fluida.

Las familias compuestas son hermosas y mis dos hijos las tienen por ambos lados hahahaha. Como padres, después de los divorcios, hemos intentado llevar la mejor relación por su felicidad.

En mi caso, amo cuando estamos los cinco juntos porque me fascina tener la casa llena. Carlos se la lleva muy bien con los míos y a Maddie le tengo un cariño inmenso. Además, ella y Dani son contemporáneas y llegaron a ser amigas. Le doy gracias a Dios porque en ese sentido, las cosas se nos facilitaron muchísimo.

Si estás pasando por eso, como a mi también me tocó, piensa que será una etapa de muchísimos cambios para todos. Debemos ser abiertos, tolerantes con las diferencias y así encontrar puntos en común. Pero sobre todas las cosas, les deseo que sean muy felices.

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